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Con la primavera y el aumento de las temperaturas surgen ciertos “riesgos” para nuestros perros a los que debemos prestar especial atención. Además de las pulguitas, las garrapatas o el incremento de la presencia del mosquito transmisor de la leishmania, salir a pasear con nuestro peludo por el campo puede traer consecuencias graves si no estamos atentos. La procesionaria anida principalmente en los pinos, y en Andalucía tiene una presencia elevada. Hoy os hablamos de ella.

La procesionaria u oruga del pino es un lepidóptero y científicamente se la conoce como Thaumetopoea Pityocampa. Es importante mencionar su ciclo de vida ya que en una de las fases es cuando se produce la amenaza para nuestros perros e incluso para los niños. Las 3 fases por las que las orugas pasan podrían definirse como huevo, larva y mariposa. El peligro aparece en la fase 2, cuando la oruga abandona el nido y se desplaza a otros árboles en forma de “procesión”, de ahí su nombre.

¿Cómo le afecta el contacto de la procesionaria a los perros?

la oruga del pino

Estas orugas están recubiertas de “pelos” que contienen una toxina urticante y aunque parezca inofensiva, al entrar en contacto con ellas es cuando se produce la intoxicación. Olerlas, chuparlas o simplemente intentar “jugar” con ellas puede traer graves consecuencias.

Los principales síntomas de los perros cuando son intoxicados por la procesionaria son: babeo, picor intenso en la zona afectada (principalmente en el hocico), hinchazón e inflamación del labio y la lengua, nerviosismo e incluso vómitos. Si el animal ha ingerido una de estas orugas puede llegar a producirse la muerte.

Lo primero que debemos hacer si notamos algunos de estos síntomas es intentar lavar la zona afectada con agua templada (sin frotar) para limpiar los posibles restos de veneno e inmediatamente acudir al veterinario para que le apliquen los medicamentos necesarios (normalmente corticoides y antihistamínicos) y así reducir la inflamación y que ésta no le afecte a las vías respiratorias. Si actuamos rápido, lo más probable es que el perro no necesite ser ingresado.

La mejor manera de prevenir que nuestro peludo se intoxique es observar si hay presencia de orugas (en caso de que sí, informar al Ayuntamiento de la localidad) o evitar dar paseos por pinares o bosques cerrados. Sabemos la importancia del ejercicio en los perros, pero en primavera es mejor visitar zonas donde no haya pinos y siempre ir con los ojos bien abiertos.

¿Conocías la existencia de la procesionaria y sus consecuencias?.

Imágenes: Pixabay